Diana Al Azem pide a las familias ser “faros en mitad de la tormenta” de la adolescencia

“Nuestro papel como padres es el de ejercer de faros en mitad de la tormenta”. Con esa imagen resumió Diana Al Azem lo que necesita hoy un adolescente de su familia, en la conferencia con la que arrancó la quinta edición de Escuchando Tendencias, el ciclo de educación que la Fundación Cajasol organiza en Córdoba. Docente de secundaria, sexóloga, divulgadora y fundadora de Adolescencia Positiva, la ponente explicó que el faro no sale a buscar al barco cuando arrecia el temporal, sino que permanece con la luz encendida para que sea el propio barco quien aprenda a gobernar su rumbo.

Al Azem contó que sus comienzos en las aulas fueron los de “la típica profesora dura”, al estilo de la señorita Rottenmeier, hasta que una discusión desagradable con una alumna la llevó a replantearse su manera de enseñar. En las tutorías comprobó, además, que los padres describían a unos hijos que no se correspondían con los que ella veía en clase, de modo que, cuando la pandemia encerró a las familias en casa, empezó a hacer directos en Instagram para los padres de sus alumnos. Ese fue el germen de un proyecto que hoy supera el millón de seguidores en redes sociales.

La adolescencia es para ella “la etapa olvidada”, ya que las familias leen todo lo que cae en sus manos durante el embarazo y la primera infancia y, en cambio, al llegar esta fase siguen educando como cuando sus hijos eran pequeños. En esa inercia situó el error, y de ahí la frase con la que abrió su exposición: “Para educar como padres debemos dejar de comportarnos como hijos”. Al Azem detalló que los niños pequeños cubren la necesidad de los adultos de sentirse vistos y valorados, un equilibrio que la adolescencia rompe como “una bofetada de realidad”.

Antes de entrar en el terreno emocional, la ponente se detuvo en el cuerpo. Según expuso, el ritmo circadiano de los adolescentes se retrasa unas dos horas respecto al de un adulto, motivo por el que se activan de noche y, con un móvil en la mano, pueden acabar chateando hasta las dos o las tres de la madrugada, cuando necesitan dormir entre ocho y nueve horas. A ese déficit de sueño, que vinculó con la falta de concentración y la irritabilidad, sumó el efecto de los ultraprocesados y las bebidas energéticas en el estado de ánimo y la necesidad de moverse a diario, porque las dos o tres horas semanales de educación física, a su entender, no bastan.

En el plano social, señaló que el cerebro adolescente se prepara para abandonar el nido y por eso el mundo de los chicos gira en torno a sus amigos. La poda neuronal propia de esta etapa borra lo que el cerebro no considera necesario para sobrevivir, y recoger el plato después de comer, añadió, no entra en esa categoría, así que toca volver a enseñarlo con la paciencia y el cariño de la infancia, no con el tono de quien lo ha repetido cinco veces. Abordó también el vacío existencial que muchos adolescentes verbalizan y su necesidad de sentirse útiles fuera de casa, y puso como ejemplo a los jóvenes que salieron a ayudar tras la dana de Valencia.

Para recuperar la conexión, Al Azem propuso escuchar “para entender y no para responder”, preguntar antes de opinar y recurrir al humor. Lo ilustró con un intercambio de WhatsApp con su hija, plagado de siglas en inglés, que se resolvió cuando ella le respondió con un mensaje que despertó su curiosidad y acabó haciéndola reír. Animó, asimismo, a probar fórmulas nuevas, desde peticiones escritas con emojis hasta canciones con la letra cambiada, que hoy pueden componerse con inteligencia artificial.

En lo emocional, pidió no negar las emociones de los hijos ni ahorrarles el aburrimiento y la frustración. “Los hijos no sufren por las consecuencias, ni por los castigos, ni por los noes que les damos. Los hijos se frustran, y entre el sufrimiento y la frustración hay mucho espacio”, afirmó, antes de advertir que un adolescente que no aprende a manejarla “se convertirá en un adulto con una mesita de noche llena de ansiolíticos”.

Frente a la educación autoritaria, que en su opinión forma adultos perfeccionistas, y la permisiva, que a menudo se confunde con la crianza respetuosa, defendió un modelo que combine el afecto con los límites y liberó a padres y madres de una carga: “Vuestro valor como madres y padres no está en los resultados de vuestros hijos”. La clave, dijo, está en elegir las batallas. Las suyas son dos, la seguridad de sus hijos y el respeto, y en ellas no cabe negociación, de manera que pasar catorce horas al día con el móvil sí merece un límite, mientras que hacer la cama no. Para mostrar cómo se marca una línea roja sin romper el vínculo, proyectó la escena de El rey león en la que Mufasa reprende a Simba y, a continuación, le confiesa que ha tenido miedo de perderlo.

Cerró su intervención con la metáfora del bambú japonés, que pasa años sin asomar mientras sus raíces crecen bajo tierra, ya que, en sus palabras, “la adolescencia es la etapa en la que las raíces de nuestros hijos están creciendo hacia un lugar que nosotros todavía no vemos”. Se despidió con otra frase: “No hay poder más fuerte que sentir que alguien cree en ti”.

El turno de preguntas, conducido por Rocío Guerra Soler, fundadora de Xeito Meeting y coordinadora del ciclo, se prolongó cerca de media hora. Las dudas del público giraron en torno a la hora de volver a casa, los castigos, la alimentación y la educación sexual. Al Azem recomendó fijarse menos en la hora de regreso que en lo que el hijo hace hasta entonces y convocar asambleas familiares para acordar las normas entre todos. Sobre la sexualidad, sugirió aprovechar escenas de series y películas para abrir la conversación, sin olvidar que esa educación empieza en la infancia con una regla tan sencilla como “si alguien te dice para, tú tienes que parar”.

Escuchando Tendencias continuará el miércoles 18 de noviembre, a las 19.00 h, con Jorge Flores, director de PantallasAmigas y experto en bienestar digital, que hablará del primer móvil y de cómo gestionarlo en el hogar. La cita será en la sede de la Fundación Cajasol en Córdoba, en Ronda de los Tejares, 32, con entrada libre hasta completar aforo.

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