El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, entabla un diálogo enriquecedor con Ignacio Moreno y Maguilaura Frías, dos deportistas de élite de los equipos patrocinados por la Fundación Cajasol. Solidaridad y deporte a través de sus experiencias personales.
Hay conversaciones que son enriquecedoras. No porque hablen de victorias, clasificaciones o estadísticas, sino porque muestran el alma del deporte. Eso fue exactamente lo que sentí al sentarme con Ignacio Moreno, jugador de rugby del Cajasol Real Ciencias Sevilla, y Maguilaura Frías, jugadora de voleibol del Fundación Cajasol Andalucía, dos jóvenes deportistas que hoy representan a los clubes que llevan el nombre de la Fundación Cajasol, y que reflejan mejor que nadie por qué decidimos caminar junto a ellos.
En Ignacio encontré a un deportista que ha entendido desde muy joven el significado de la palabra legado. Me habló del Real Ciencias con un respeto que emociona. Siente cada entrenamiento como una forma de honrar una historia que empezó en 1972 y que aún sigue viva gracias a generaciones de jugadores que han llevado esos colores con orgullo. Lo escuchaba y pensaba en la importancia que tiene para un joven comprender que forma parte de algo mayor que él mismo.
Del mismo modo, le pregunté por su reciente experiencia con la Selección Española M18 y me habló con una mezcla de humildad y entusiasmo. Ser campeón de Europa a esa edad no es cualquier cosa. Pero lo que más me impactó fue cómo lo describió: no como un triunfo personal, sino como un aprendizaje, como una evidencia de que el rugby español tiene un futuro prometedor si seguimos apostando por la base de forma seria y constante.
Esa palabra, base, aparecía una y otra vez a medida que conversábamos. Ignacio destacó el esfuerzo inmenso que hace su club por formar desde la cantera: entrenadores cualificados, programas de valores, acogida real para los más pequeños. Ese enfoque humano me confirmó algo que ya intuía: el rugby enseña, como pocos deportes, el valor del compañerismo, del respeto, de la generosidad.
Y cuando hablamos de solidaridad, Ignacio lo tuvo claro desde el primer segundo. Para él, la solidaridad no es un concepto externo al deporte: es su esencia misma.
Me dijo algo que se me quedó grabado: cuando uno entra al campo, sabe que no juega solo. Y fuera del campo, añadió, el deportista tiene la responsabilidad de ser ejemplo. Escuchándole, entendí de nuevo por qué apoyar a clubes como el suyo es una inversión social, no solo deportiva.
La conversación con Maguilaura Frías me llevó por un camino distinto, lleno de emoción, de valentía y de raíces. Su historia es la de quien cambia de hogar para cumplir sus sueños. Llegó a España desde Perú en 2022, y me habló de su aterrizaje en Dos Hermanas con una sensibilidad que desarma. Encontró un club que la acogió, una ciudad que la arropó y un entorno que, en sus propias palabras, se convirtió en hogar sin pedir nada a cambio.
Cuando le pregunté cómo empezó en el voleibol, sonrió con esa luz que tienen quienes aman lo que hacen. Me contó que todo comenzó como una bonita casualidad, un juego que pronto se convirtió en motor. Esa espontaneidad inicial se ha transformado en una carrera que hoy la ha llevado a representar a su país. Y cuando habla de Perú, lo hace con una intensidad que emociona: siente cada punto como una conexión con su familia, su origen, su identidad.
Conversamos también sobre el reto deportivo. Su equipo se quedó a las puertas de semifinales la temporada pasada y este año las dificultades no han sido pocas. Pero su respuesta fue clara: quiere más, quiere crecer, quiere demostrar que el trabajo y la constancia siempre encuentran camino. Esa mentalidad es la que convierte a una jugadora en referente.
Y, como Ignacio, también tiene una visión nítida sobre la solidaridad.Para ella, el deporte no tiene sentido sin humanidad. Me dijo que nadie llega lejos sola y que detrás de cada logro hay manos que sostienen. Me pareció una reflexión preciosa, casi un manifiesto vital. Además, entiende su rol como jugadora profesional desde la responsabilidad: inspirar a niñas, participar en iniciativas sociales, dar presencia y valor donde a veces falta visibilidad.
Por último, les pregunté sobre si conocían la labor de la Fundación Cajasol, a lo que ambos me dijeron que sí, incluso antes del cierre del patrocinio con los equipos.
El jugador de rugby me trasladó que por su familia conocía a la Fundación, y piensa que es admirable: “Gracias a su apoyo, nuestro club puede no solo centrarse en lo deportivo, sino en promover valores, inclusión, igualdad de oportunidades y formación para jóvenes. Este tipo de alianzas demuestran que el deporte puede ser una herramienta real de transformación social, no solo una competición. Personalmente me siento orgulloso de formar parte de un proyecto donde el éxito deportivo va de la mano con un compromiso social”, me contó.
Mientras que la jugadora de voleibol aseguró que la labor de Fundación Cajasol es fundamental: “La labor de la Fundación Cajasol es admirable. No solo respaldan el deporte, sino que se comprometen con la comunidad, con proyectos que realmente cambian vidas. Para quienes jugamos, sentir su apoyo es un impulso enorme; y para quienes reciben su ayuda, es una oportunidad que vale oro. Es una organización que demuestra que el deporte y la solidaridad pueden caminar juntos”, argumentó.
Escuchándolos a los dos comprendí que, aunque provienen de culturas, deportes y trayectorias distintas, comparten un mismo espíritu. Ignacio y Maguilaura hablan del deporte como una forma de ayudar, de educar, de construir comunidad. Esa es la razón por la que desde la Fundación Cajasol abrazamos estos proyectos: porque vemos en los jóvenes una fuerza transformadora que atraviesa las pistas, los pabellones y los estadios.
Cuando reflexiono sobre su visión del mundo, valoro aún más la idea que defendemos desde la Fundación: apoyar el deporte es apostar por valores, por igualdad de oportunidades, por cohesión social. Es contribuir a que historias como las suyas sigan floreciendo.
Por eso, al despedirnos, me quedo con una certeza: el deporte es talento, es esfuerzo, es competición. Pero, sobre todo, es solidaridad. Y mientras existan jóvenes como Ignacio y Maguilaura, ese corazón seguirá latiendo fuerte.
Revista Fundación. Nuestra razón de ser. Nº23


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