Andrés Gandía Paláu defendió en la Fundación Cajasol en Sevilla que una parte considerable de los avances técnicos que usamos a diario no se buscaban. El caso que mejor lo resume es el horno microondas. En 1945, un electricista de Raytheon llamado Percy Spencer trabajaba junto a un magnetrón, el componente que genera las ondas de los radares, y se le derritió el chocolate que llevaba en el bolsillo de la camisa. Al día siguiente lo probó con granos de maíz, obtuvo palomitas y avisó a sus superiores. Dos años más tarde, el fabricante de equipos militares comercializaba el primer microondas, una máquina de ochenta kilos refrigerada por agua que costaba cinco mil dólares.
Doctor ingeniero industrial y exdirector de Sistemas FABA en Navantia, el conferenciante tituló su intervención Curiosidades de la ciencia y la tecnología y la organizó en torno a lo que llamó ideas felices. De ahí que empezara por Isaac Newton. Al físico inglés nunca le cayó una manzana en la cabeza, puntualizó. Estaba sentado frente a un manzano y le llamó la atención que la fruta cayera siempre en la misma dirección. De su biografía rescató dos episodios menos divulgados, el del cargo que ocupó al frente de la moneda del Reino Unido, desde el que ideó el estriado del canto para impedir que se limaran las piezas de oro, y el de sus últimos años, dedicados a las Sagradas Escrituras, de cuyo estudio dedujo que el mundo acabaría en 2060.
El tramo central siguió al magnetrón hasta la bahía de Cádiz, terreno que Gandía Paláu conoce de primera mano. En San Fernando se fabrican los portillos de apertura de los lanzadores de misiles que montan buques de varios países, y allí se desarrolló el sistema de combate de los barcos de superficie españoles, elaborado a medias con un equipo de Filadelfia mediante un enlace encriptado permanente entre ambas plantas. Navantia firmó igualmente los portaaviones que operan Australia y Turquía, partiendo del diseño del Juan Carlos I.
La segunda mitad desmintió el “que inventen ellos” de Unamuno, frase que el ponente calificó de gran error. Enumeró la pluma estilográfica, concebida en 1800 por un catedrático de taquigrafía valenciano; el laringoscopio, obra de un maestro de canto; el abrelatas de llave; la olla exprés, que su inventor zaragozano vendía por las casas con un folleto de recetas; la minipimer, cuyo creador trabajaba en la empresa Pimer cuando Braun la compró con la patente incluida; el aparato de rayos X portátil, de un manchego que se formó por correspondencia en inglés sin saber inglés; la anestesia epidural, ideada por un cirujano militar durante la guerra del Rif; el autogiro; el Vespino, y el servilletero que dispensa una servilleta cada vez, inspirado en los librillos de papel de fumar. Las agujas hipodérmicas desechables y la fregona salieron del mismo hombre, Manuel Jalón Corominas.
Antonio de Ulloa dio con el platino, los hermanos Elhuyar con el wolframio y Andrés Manuel del Río con el vanadio, de modo que tres casillas de la tabla periódica se deben a españoles. Leonardo Torres Quevedo apareció por el telekino, considerado el primer mando a distancia, por el transbordador aéreo de las cataratas del Niágara y por un autómata que jugaba al ajedrez. A Emilio Herrera, aeronauta granadino, la NASA le ofreció trabajo tras fijarse en la escafandra estratonáutica que había diseñado, precursora del traje espacial, y él exigió a cambio que se izara en la Luna la bandera republicana, lo que dio la negociación por terminada.
Varias de esas biografías acaban mal. Narciso Monturiol murió arruinado al retirarle la Primera República el respaldo a su submarino, Cosme García terminó pidiendo limosna por las calles, Del Río falleció en la pobreza a los ochenta y cuatro años y la Academia Francesa tuvo que concederle una pensión a Herrera para que subsistiera. Gandía Paláu sostuvo además dos atribuciones que la divulgación mayoritaria no respalda, la de la primera transmisión de voz por radio a larga distancia, que adjudicó al militar valenciano Julio Cervera once años antes de la patente de Marconi, y la del origen de la fórmula de la Coca-Cola, que situó en una destilería de Ayelo de Malferit.
La conferencia se celebró el lunes 26 de octubre, a las 12.00 h, en la Sala El Salvador, dentro de Los Lunes en Cajasol. Foro Confiable, el ciclo que cada semana reúne a especialistas de disciplinas distintas y que esta temporada ha tratado ya el estrés y el miedo al cáncer. La grabación íntegra, de hora y cuarto, está disponible en el canal de YouTube de la Fundación.

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