«No actúes como si fueras a vivir diez mil años. La muerte está sobre ti. Mientras vivas, mientras esté en tu poder, sé bueno». Las palabras de Marco Aurelio resonaron en la sala de la Fundación Cajasol en Córdoba como punto de partida de un recorrido que, durante más de una hora, invitó a los asistentes a mirar de frente aquello que la sociedad contemporánea ha decidido ocultar: la muerte y todo lo que enseña sobre la vida.
María Luisa Hidalgo, enfermera de vocación y fundadora de la Asociación ACOSENT (Acompañamiento con Sentido) de Montilla, fue la encargada de conducir el taller Acompañamiento en el Duelo, organizado por la Plataforma del Voluntariado de Córdoba en la sede de Ronda de los Tejares. Bajo el título La muerte, una maestra en la vida, Hidalgo desplegó una ponencia que trenzó referencias filosóficas, experiencia clínica y vivencia personal con una convicción que atravesó toda la sesión: «Cuando aprendemos a mirar la muerte de frente, aprendemos a vivir con menos miedo, con más amor y más verdad».
La ponente arrancó desde su propia biografía. La pérdida de su madre cuando era niña y el posterior acompañamiento a su padre durante una enfermedad terminal marcaron un camino de estudio y reflexión que ha desembocado en la creación de ACOSENT y en su compromiso con la formación en este ámbito. «Acompañar a las personas en su umbral final es una oportunidad única para crecer, para ser más sabio, más compasivo y más amoroso», afirmó.
A partir de ese anclaje biográfico, Hidalgo trazó un recorrido por el pensamiento de autores que han abordado la muerte desde ángulos complementarios. De San Francisco de Asís, que la llamó «hermana», a Viktor Frankl, que halló en los campos de concentración nazis la certeza de que cualquier sufrimiento puede soportarse si se encuentra un sentido. De Cicely Saunders, pionera de los cuidados paliativos modernos, que defendió la dignidad del paciente hasta su último aliento, a Elisabeth Kübler-Ross, cuya escucha sin prejuicios a personas moribundas reveló que en los últimos momentos de la vida se disuelven las máscaras y sólo queda lo esencial. La nómina de referentes incluyó también a Irvin Yalom, Marie de Hennezel, Byung-Chul Han, Atul Gawande, Enric Benito y Jacinto Bátiz, configurando un mosaico en el que confluían la filosofía estoica, la espiritualidad, la psiquiatría existencial y la práctica paliativa.
Uno de los momentos más reveladores de la charla fue la distinción entre dolor y sufrimiento. «El dolor es lo que nos pasa. El sufrimiento es lo que hacemos con aquello que nos pasa», explicó Hidalgo, que recurrió a la imagen de las olas del mar para ilustrar cómo resistirse al dolor lo amplifica, mientras que atravesarlo con conciencia permite transformarlo. «El sufrimiento, cuando es acompañado y comprendido, no nos endurece, sino que nos ensancha», subrayó.
Hidalgo dedicó un tramo especial a los cinco grandes arrepentimientos que las personas experimentan al final de sus vidas, según la literatura paliativa: no haber vivido la vida deseada, haber dedicado demasiado tiempo al trabajo, no haber expresado los sentimientos, haber perdido el contacto con viejas amistades y no haberse permitido ser feliz. «La felicidad es una elección, y a veces no la vamos a encontrar en lo grande, sino en lo más pequeño, en lo cotidiano», reflexionó.
La fundadora de ACOSENT hizo también referencia a la tragedia de Adamuz para ilustrar cómo, en los momentos de mayor oscuridad, lo que las personas necesitan por encima de todo es la presencia de otros seres humanos. «En la oscuridad de aquella noche y en el clamor de las personas pidiendo ayuda, lo que de verdad necesitaban era que aparecieran personas», recordó.
Sobre las claves del acompañamiento, Hidalgo enumeró cinco requisitos fundamentales: dejar espacio al silencio, permitir la emoción sin frenarla, acompañar sin juzgar, validar el dolor del otro y no apresurar los procesos emocionales. «A veces una mirada cálida, la ternura, coger una mano, es más reconfortante que mil palabras», señaló. Y frente al instinto de decir «no llores» a quien sufre, propuso una alternativa sencilla y poderosa: «Estoy aquí contigo».
La metáfora de la mariposa de Kübler-Ross cerró el cuerpo central de la ponencia. La psiquiatra suiza se inspiró en los dibujos de alas y mariposas que los niños dejaron en las paredes de los barracones del Holocausto para simbolizar la muerte como una transformación, no como un final. «Podían quitarles la libertad al cuerpo, pero no a lo que eran en realidad», explicó Hidalgo.
El turno de preguntas se convirtió en un espacio de encuentro profundamente emotivo. Varios asistentes compartieron sus experiencias personales con la pérdida, desde accidentes y enfermedades hasta muertes repentinas, y dieron testimonio, desde su propia vulnerabilidad, de cómo la búsqueda de sentido les había permitido seguir adelante. Las intervenciones pusieron de manifiesto una reivindicación compartida: la necesidad de una sociedad que no sólo acompañe en el morir, sino también en el vivir. «No hace falta que te estés muriendo para merecer un buen acompañamiento», reclamó una de las asistentes, pidiendo un trato más humano en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Este taller pertenece al ciclo formativo de 2026 de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba en la Fundación Cajasol en Córdoba, que incluye también sesiones dedicadas al voluntariado ante la emergencia y a la iniciación al voluntariado. Una programación que refleja el compromiso compartido de ambas entidades con la formación de una ciudadanía preparada para acompañar, sostener y cuidar allí donde más se necesita.


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