Hay más estudios, más divulgación y más etiquetas legibles que en ningún otro momento de la historia, y sin embargo la obesidad no deja de crecer. Sobre esa contradicción se levantó la primera sesión del ciclo Cómo hemos cambiado. 50 años de ciencia, salud y vida, que la Fundación Cajasol organiza en Córdoba junto al Hospital Universitario Reina Sofía dentro de las acciones sociales de su 50 aniversario y que dedicó su estreno a la alimentación saludable.
La paradoja la formuló Concepción Muñoz Jiménez, especialista en Endocrinología y Nutrición, quien eligió para explicarla el camino menos abstracto: el de una paciente de 33 años que llegó a su consulta derivada desde la unidad de reproducción asistida, con más de 170 kilos y la noticia de que su peso impedía un embarazo. El equipo no le planteó una cifra, sino una secuencia de objetivos alcanzables apoyada en dieta, ejercicio y trabajo sobre la propia motivación. Tres años después, tras perder cerca del 40% de su peso corporal, se quedó embarazada de forma espontánea. «El objetivo no era alcanzar un número, sino mejorar su salud», precisó la endocrinóloga, que insistió en que la obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial, no el resultado aritmético de comer mucho y moverse poco.
Buena parte de su intervención sirvió para blindar científicamente la dieta mediterránea, desde el estudio de Lyon de 1988 hasta el ensayo multicéntrico español que siguió durante seis años a 7.500 pacientes y demostró su efecto en la prevención cardiovascular, pasando por la investigación desarrollada en la propia Córdoba entre 2009 y 2021. Muñoz Jiménez sumó un factor que suele pasarse por alto, el del reloj, puesto que hígado, páncreas y cerebro siguen un ritmo circadiano que la cena tardía desajusta.
Antes de llegar al presente, la tarde había mirado atrás de la mano de Mercedes López Pardo, enfermera jubilada que entró en la escuela del centro en 1976, el mismo año de su inauguración, cuando el edificio parecía un castillo perdido en las afueras y casi toda la plantilla rondaba los veinte años. De aquella generación salió, a partir de 1985 y con el impulso del entonces gerente Gonzalo Miño, el primer código de dietas del hospital, con menús calibrados cuando la nutrición clínica apenas existía como disciplina y un solo endocrino, Pedro Benito, atendía toda la especialidad. «Tuvieron que pasar de la artesanía a la ciencia», resumió sobre un recorrido que desembocó en cocinas medidas y controladas, con higiene alimentaria normalizada y un bromatólogo en plantilla.
También hubo espacio para recordar los consensos que el tiempo se encargó de desmentir. López Pardo evocó los años en que se animó a la población a sustituir el aceite de oliva por el de girasol, bajo la creencia de que resultaba más ligero, hasta que las investigaciones iniciadas en los noventa devolvieron al virgen extra el lugar que le correspondía. La publicidad acompañaba aquel clima: se vendía cerveza como bebida del buen conductor.
El salto al hábito contemporáneo lo dio Inmaculada Montero Monterroso, enfermera de la Unidad de Endocrinología y Nutrición, quien empezó deslindando dos conceptos que suelen confundirse, ya que la alimentación responde a actos voluntarios y la nutrición a procesos fisiológicos que el organismo ejecuta sin que intervenga nuestra voluntad. A partir de ahí desgranó qué ha cambiado en la población cordobesa: menos agua y más bebidas azucaradas, desayunos que se omiten, consumo creciente de precocinados, escasa presencia de frutas, verduras y productos del mar. Frente al entusiasmo por los nuevos fármacos, marcó una línea clara al presentarlos como herramienta complementaria y nunca como solución única. Montero avanzó además que el hospital constituyó en abril de 2026 un Comité de Humanización para la Atención al Paciente de Obesidad, destinado a elaborar protocolos que mejoren el trato a quienes conviven con esta enfermedad.
El debate final, titulado Alimentación sin mitos, incorporó la voz de los pacientes y la de la pediatría. Almudena López, que nació en el Reina Sofía en 1983 y volvió a él décadas después como paciente de la unidad, agradeció una atención que describió como asistencial y sobre todo humana, y resumió su proceso con una frase que recoge el enfoque de todo el equipo: «Operamos estómago, no operamos cabeza». Mónica Rodríguez Salas, pediatra especializada en digestivo, desmontó la moda de las dietas restrictivas, defendió que un alimento sólo se retira cuando existe una patología diagnosticada y reclamó para padres y madres una tregua con la culpa. Suya fue también la regla más práctica de la tarde, la de medir las raciones infantiles por el tamaño de la mano del propio niño.
Las preguntas del público prolongaron la sesión con asuntos que rara vez caben en una consulta: los menús de los comedores escolares, la fiabilidad de los perfiles de nutrición en redes sociales y la relación entre medicación y alimentación en personas mayores.
El ciclo continuará el 22 de octubre con una sesión sobre salud mental y concluirá el 5 de noviembre con otra dedicada al cáncer de mama [enlace interno: la presentación del ciclo]. Ambas se celebrarán a las 19.00 h en la sede de la Fundación Cajasol en Córdoba (Ronda de los Tejares, 32), con entrada libre hasta completar aforo.

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