El Cajasol Sevilla BM Proin y el Coto Córdoba Club de Baloncesto, dos proyectos deportivos patrocinados por la Fundación Cajasol, han firmado una temporada que redefine la dimensión del deporte andaluz al sellar sus ascensos a la Liga ASOBAL de balonmano y a Primera FEB de baloncesto. Juan Ramón Jordán y Rafael Blanco, presidentes de ambas entidades, sitúan estos logros más allá del marcador porque hablan de ciudad, estructura, afición y futuro.
Hay temporadas que no se explican sólo por una clasificación o por una eliminatoria ganada, sino que modifican por completo la dimensión de un club y abren una puerta nueva para toda una ciudad. Eso es precisamente lo que han conseguido este año los dos proyectos deportivos andaluces respaldados por la Fundación Cajasol, en tanto que uno sitúa el balonmano sevillano en la máxima categoría estatal y el otro devuelve a Córdoba a un escenario de primer nivel del baloncesto profesional.
El sueño idealizado de la Liga ASOBAL
Juan Ramón Jordán todavía habla del ascenso con la emoción de quien ha visto cumplirse un anhelo largamente perseguido. Al recordar cómo vivió el salto a la Liga ASOBAL, lo resumió de forma sencilla, «con una inmensa alegría». El momento fue tan intenso que al principio costaba creerlo, según reconoció el propio presidente: «Hasta que no pasó un rato, no fui consciente de que se había hecho realidad el sueño».
El Cajasol Sevilla BM Proin ha dado un paso histórico, dado que competir en la máxima categoría del balonmano español supone situarse junto a los grandes clubes del país. Ahí radica una de las mayores satisfacciones del ascenso para Jordán, quien afirmó: «Siento un tremendo orgullo. Estar con los mejores clubes de España es lo que todos queríamos».
El presidente sabe que la dimensión real de lo conseguido quizá se apreciará mejor con el tiempo, ya que la entidad ha cruzado una frontera inédita para el balonmano sevillano y apenas ha dispuesto de margen para detenerse en la celebración. Al día siguiente del ascenso, el club ya estaba inmerso en la preparación del próximo curso. «Creo que nos llevará un tiempo asimilar lo que hemos conseguido», explicó, y añadió que la magnitud se verá con perspectiva, «mínimo una temporada».
Ese es uno de los rasgos que definen el momento actual del proyecto sevillano: alegría por el ascenso, sí, aunque acompañada de concentración inmediata en lo que viene, puesto que la Liga ASOBAL exige un salto de nivel en todos los sentidos. No basta con haber llegado. Hace falta competir, adaptarse y construir una estructura que permita al club sostener la continuidad de su propuesta deportiva.
El máximo responsable de la entidad sevillana matizó que, si bien el ascenso pudiera parecer adelantado, el club lo tenía previsto como uno de sus objetivos. «No nos ha pillado por sorpresa», aseguró. La organización sabía lo que podía encontrarse y se puso a trabajar «desde el primer segundo», una planificación que se nota también en la confección de la plantilla.
La nueva categoría obligará a dar pasos firmes en lo deportivo, aunque también en lo institucional y en lo social. Preguntado por la prioridad más urgente para que el Cajasol Sevilla BM Proin no sea sólo un recién ascendido, sino un proyecto estable en la élite, Jordán respondió con una fórmula rotunda: «Trabajo, trabajo y trabajo, desde la plantilla hasta la directiva».
Esa idea resume bien el espíritu con el que la entidad afronta esta nueva etapa. La permanencia en ASOBAL dependerá de lo que ocurra en la pista, si bien también de la capacidad para crecer fuera de ella. El balonmano sevillano necesita aprovechar este salto para ganar visibilidad, atraer aficionados y sumar apoyos, de manera que el ascenso opere como un punto de inflexión.
«Necesitamos masa social y apoyo de las empresas sevillanas e instituciones», argumentó el presidente. Su expectativa es que este logro sirva para que un deporte minoritario encuentre mayor respaldo y para que Sevilla descubra definitivamente el balonmano. La próxima temporada, en consecuencia, será mucho más que una campaña deportiva: representará una oportunidad para que la ciudad acompañe a un club que ya ha hecho historia.
El objetivo inmediato es la permanencia, pero Jordán no la desliga de una aspiración más amplia. Al preguntársele qué le gustaría poder decir al terminar la primera temporada en ASOBAL, contestó que la salvación deportiva sería fundamental, aunque añadió otro deseo: que Sevilla haya descubierto el balonmano. Ahí reside el verdadero reto, toda vez que no basta con competir en la élite; hace falta que el ascenso se transforme en afición, presencia social y futuro.
La vuelta de la ilusión a Vista Alegre
El ascenso del Coto Córdoba Club de Baloncesto a Primera FEB también tiene un valor que va más allá del resultado. Rafael Blanco, presidente del conjunto deportivo, recuerda la final frente a Castellón como la imagen que mejor resume la temporada. «Fue una eliminatoria a doble partido, exigente y decisiva, que culminó un año magnífico. El equipo había sido campeón de grupo y había permanecido prácticamente toda la temporada en primera posición, pero sabía que el ascenso se jugaba en el momento más difícil», comentó.
Blanco admitió que el Coto Córdoba no partía como favorito. Con todo, en el partido de ida disputado en la ciudad andaluza firmó «el mejor encuentro de la temporada» y, en la vuelta, supo aguantar el resultado. Aquello, explicó, fue «un momento mágico» en el que el trabajo de un curso entero se convertía en el campeonato de la Segunda División Nacional y en el pase a Primera FEB. «Un sueño que parecía inalcanzable se hace realidad», resumió.
El mérito es mayor si se atiende a la juventud del proyecto, dado que el club apenas suma cuatro años de historia y ha experimentado una progresión muy rápida, con ascensos sucesivos hasta situarse ahora en una categoría de altísimo nivel. «Llevamos una pequeña historia, pero casi vertiginosa», recordó su máximo responsable. El reto, a partir de ahora, será competir entre equipos profesionales y consolidar lo conseguido.
Para explicar esa evolución, Rafael Blanco subrayó ante todo el término «equipo», no ya sólo en la pista, sino en todas las áreas del club. Destacó la construcción de un gran conjunto humano, en lo deportivo, en lo organizativo y en lo directivo. Elogió también una fórmula novedosa en Córdoba: levantar un primer equipo que actúe como la punta de una pirámide sostenida por el trabajo de base de entidades con mucha historia en el baloncesto cordobés.
La ciudad también ha ido creciendo con el equipo. Córdoba llevaba alrededor de veinticinco años sin un proyecto en un nivel comparable dentro del baloncesto español, razón por la que al principio, según reconoció Blanco, «había ilusión, pero también cierto escepticismo». La gente necesitaba ver que el proyecto era real, y el conjunto fue respondiendo con victorias, juego y resultados.
En la recta final de la temporada, cuando el ascenso empezó a sentirse posible, Córdoba se volcó. «El público ha vuelto a Vista Alegre«, afirmó el presidente. Sobre todo, ha vuelto la ilusión: la de una ciudad que quería baloncesto de calidad y que ha encontrado un proyecto con el que identificarse.
Ese respaldo se ha notado en el ámbito empresarial. Blanco valoró el papel de las pequeñas y medianas empresas que forman parte del club de patrocinadores y que han acompañado al equipo desde el principio, un apoyo que refleja a una sociedad cordobesa dispuesta a implicarse para recuperar el baloncesto de nivel. Quiso subrayar también expresamente el papel de la Fundación Cajasol: «La incorporación durante la temporada del ascenso fue muy especial para el club. Estamos muy agradecidos de que haya confiado en nosotros», afirmó.
Ahora llega un desafío mucho mayor. El salto a Primera FEB supone, según Blanco, un cambio «exponencial», en la medida en que el presupuesto puede casi triplicarse, la plantilla debe adaptarse a una categoría bastante más exigente y las demandas organizativas y técnicas resultan muy superiores. El presidente asume ese reto de gran envergadura, si bien insiste en que el club lo afronta con ilusión y con los pies en el suelo.
Los dos grandes retos inmediatos son el deportivo y el económico. En lo deportivo, será necesario armar un equipo preparado para una competición mucho más física y disputada. En lo económico, habrá que sostener una categoría más cara, con mayores exigencias federativas, más desplazamientos y rivales de primer nivel. No obstante, Blanco identifica también una oportunidad, puesto que Primera FEB llevará a grandes conjuntos a Córdoba y convertirá la temporada en una fiesta para la afición.
El club aspira a que los partidos sean una experiencia familiar, un punto de encuentro para quienes ya seguían al equipo y para quienes se acerquen ahora atraídos por la nueva categoría. La idea no se limita a competir, sino que persigue asentar una cultura de baloncesto en la ciudad, por lo que los rivales deberán percibir que Córdoba ha vuelto con un proyecto serio, no con una aventura pasajera.
Al mirar al futuro, el presidente habla primero de estabilidad. El objetivo es asentarse en Primera FEB. Ahora bien, reconoce que el club sueña más alto, pues Córdoba no ha tenido hasta ahora un equipo en ACB y ese reto, aun cuando no sea inmediato, está «en la cabeza y en el corazón» de la entidad.
Dos ascensos, dos ciudades, un mismo camino
Los ascensos del Cajasol Sevilla BM Proin y del Coto Córdoba Club de Baloncesto no son únicamente dos éxitos deportivos, sino dos oportunidades para fortalecer proyectos que representan a sus ciudades y que necesitan ahora transformar la alegría en estabilidad. En Sevilla, el reto pasa por que el balonmano aproveche su llegada a ASOBAL para ganar visibilidad, masa social y apoyos; en Córdoba, el desafío consiste en consolidar un proyecto joven que ha devuelto la ilusión por el baloncesto y quiere establecerse en Primera FEB con ambición de futuro.
La Fundación Cajasol acompaña ambos caminos desde una convicción clara: el deporte es también una forma de construir comunidad. En la pista se compite, cierto, pero alrededor de un club se generan valores, pertenencia, ilusión y ciudad. De ahí que estos dos ascensos resulten tan importantes, porque elevan a dos equipos y, con ellos, a dos aficiones.
Natalia Palomino



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