Julia Otero: «El buen periodismo es más necesario que nunca»

La Cena Criminal

Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol, conversó con Julia Otero para la Revista Fundación con motivo de la emisión de Julia en la Onda desde la sede de la entidad en Sevilla.

Recibir a Julia Otero en la Fundación Cajasol siempre supone abrir una conversación con una de las voces más reconocibles, respetadas y necesarias del periodismo español. Su presencia en Sevilla, con motivo de la emisión especial de Julia en la Onda desde nuestra sede el pasado 31 de mayo, nos brindó una oportunidad magnífica para compartir con ella no solo el pulso de la actualidad, sino también una reflexión más serena sobre la radio, la ciudad, el oficio periodístico y el papel que deben desempeñar las instituciones culturales en la sociedad.

Comencé la entrevista preguntándole precisamente por lo que significa hacer radio desde una ciudad como Sevilla y desde una institución cultural como la Fundación Cajasol. Me interesaba conocer cómo vive una periodista de su trayectoria ese contacto directo con los oyentes, esa posibilidad de abandonar por unas horas el estudio habitual y situarse ante el público. Julia respondió con una idea que resume muy bien la magia de la radio en directo: «Salir del estudio enriquece siempre un programa, porque permite mirar a los oyentes, captar sus reacciones, saber cuándo sonríen, cuándo se emocionan o cuándo se sienten interpelados por lo que escuchan», destacó.

En su respuesta apareció también una frase que define a Sevilla de una manera especialmente hermosa. Julia recordó aquellas palabras atribuidas a Borges: «Sevilla no es una ciudad, es un estado de ánimo». Y creo que esa idea explica muy bien lo que sentimos quienes vivimos aquí y también quienes nos visitan. Sevilla no se limita a su patrimonio, a sus monumentos o a su historia. Sevilla tiene una forma de estar en el mundo, una hospitalidad, una luz y una manera de relacionarse que la convierten en una experiencia emocional.

A partir de ahí, le pregunté qué nos falta para contar mejor lo que se percibe en una ciudad como Sevilla. Su respuesta fue muy interesante porque huyó del tópico. Julia considera que Sevilla no necesita más promoción, porque «se promociona sola». Pero sí puso sobre la mesa un asunto de enorme actualidad: la necesidad de racionalizar el turismo. Lo hizo con una mirada amplia, comparando la situación de Sevilla con la de otras grandes ciudades, como Barcelona, donde la presión turística forma parte del debate público.

A continuación, el diálogo se centró en el oficio periodístico. Ella forma parte de la memoria colectiva de la comunicación en nuestro país tras décadas al frente de la radio y la televisión, combinando el análisis riguroso con entrevistas icónicas. Con ese bagaje, le planteé la gran pregunta sobre la transformación del sector: ¿qué ha cambiado de forma más radical?, ¿la forma de contar, la manera de escuchar o la relación con el público?.

Su respuesta fue contundente: todo ha cambiado. Recordó sus inicios en una radio completamente analógica, con archivos en papel, enciclopedias, documentación física y redacciones donde el conocimiento acumulado de los profesionales era el activo más valioso. Resulta especialmente reveladora la anécdota de sus primeros pasos en Radio Miramar, donde le exigieron memorizar los nombres de todos los diputados del Parlamento catalán. Aquella era, sin duda, otra forma de ejercer el oficio: una vertiente mucho más artesanal, cimentada en la memoria, el rigor de la preparación y una profunda cultura periodística.

«El buen periodismo sigue siendo un intermediario entre las cosas que pasan y el ciudadano que debe saber»

«El buen periodismo sigue siendo un intermediario entre las cosas que pasan y el ciudadano que debe saber», trasladaba. Esa es, probablemente, la mejor definición posible del oficio. La tecnología ha transformado los formatos, los tiempos y los canales, pero no debería transformar el compromiso con el rigor, con la verdad y con la responsabilidad democrática de informar.

El espejo de la experiencia siempre sirve de guía para el futuro. Bajo esa premisa, conversamos sobre el rumbo de los jóvenes licenciados que hoy se enfrentan a un mercado saturado de nuevos formatos, contenidos efímeros y fake news. Lejos de caer en el desánimo, Otero firmó una defensa férrea del oficio. Admitió que la saturación informativa actual empaña la frontera entre la verdad y el relato interesado, ya que las urgencias digitales empujan a difundir con prisa y a verificar con calma. Sin embargo, ante ese desorden digital, la comunicadora recordó la esencia de la profesión. «El buen periodismo es más necesario que nunca», finalizó.

La entrevista tomó entonces un rumbo más social. Me interesaba saber si, en una sociedad tan cambiante, seguimos conservando aquella seña de identidad solidaria que tantas veces hemos reconocido en nuestra gente. Le pregunté si habíamos perdido parte de esa empatía colectiva. Julia respondió con una reflexión muy profunda sobre el individualismo. A su juicio, en las últimas décadas hemos fomentado demasiado la idea del individuo aislado, del éxito personal, de la competencia permanente, lo que ha ido debilitando valores esenciales como la empatía, la solidaridad y la bondad.

Hubo una frase suya que me pareció especialmente poderosa: «Parece que la bondad no está de moda. Tenemos que volver a poner de moda la empatía.» Es una afirmación dura, pero muy certera. Julia reivindicó la necesidad de volver a poner de moda la empatía, la bondad y la solidaridad. Y creo que ese mensaje conecta plenamente con la vocación de la Fundación Cajasol: trabajar por una sociedad más cohesionada, más culta, más sensible y más comprometida.

«Parece que la bondad no está de moda. Tenemos que volver a poner de moda la empatía»

No obstante, le trasladé que la mejor versión del ser humano aparece en las grandes catástrofes o en los momentos de dolor colectivo. Julia coincidió en que en esos momentos volvemos a sentirnos parte de la tribu. Nos ayudamos, nos organizamos, nos reconocemos en el otro. Pero añadió algo fundamental: esa solidaridad no debería reservarse sólo para las situaciones excepcionales. Debería formar parte de nuestra vida diaria.

Más adelante quise recordarle una entrevista que me hizo en 2017, en la que ella había definido a la Fundación Cajasol como un referente en Andalucía en mecenazgo y emprendimiento. Casi una década después, me interesaba conocer cómo veía la evolución de entidades como la nuestra en la vida cultural y social de Andalucía. Julia afirmó que «para Andalucía, la Fundación Cajasol es un tesoro». Valoró nuestro papel como alma cultural, como espacio de encuentro y como entidad capaz de impulsar iniciativas de todo tipo. También destacó que la Fundación ha crecido de forma exponencial en su actividad y en su presencia en la sociedad. Sus palabras son para nosotros un motivo de orgullo, pero también una responsabilidad.

La Fundación Cajasol entiende la cultura no como un adorno, sino como una herramienta de transformación social. Por eso me pareció tan importante que una periodista como Julia Otero subrayara el valor del mecenazgo privado y de las instituciones que contribuyen a sostener la vida cultural allí donde muchas veces no llegan otros recursos. La cultura necesita apoyo, continuidad y ambición.

Para terminar, quise llevar el diálogo a un terreno más personal. Tras tantos años observando la actualidad con espíritu crítico, le planteé qué le sigue emocionando cada vez que se sienta delante del micrófono y abre una nueva conversación con los oyentes. Su respuesta fue sencilla y luminosa: ilusión, energía y respeto.

Julia destacó el respeto máximo hacia los oyentes, a quienes considera personas inteligentes que merecen ser tratadas como tales. Asimismo, hizo hincapié en la obligación de ser rigurosa con la información y en su devoción por entretener, recordando que la radio es, ante todo, compañía, emoción y comunidad.

Al concluir el encuentro, quedó la certeza de haber compartido un diálogo profundamente enriquecedor. Asumir el rol de entrevistador ante una de las maestras de las preguntas en nuestro país resultó un verdadero privilegio. Además, la presencia de Julia Otero en la Fundación Cajasol cobró todo el sentido: la radio, cuando se ejerce con maestría, es una forma de encuentro. Y la cultura, entendida como servicio público y compromiso social, se convierte en la herramienta definitiva para construir una sociedad más consciente, crítica y humana.

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